25.1.22

Confesión

Yo lo conocía bien, señor juez.
Y el tipo, bueno,
usted sabe...
El tipo era imposible.
El tipo era impasible.
Había sabido, en otro tiempo,
ser un buen muchacho, fijesé.
Pero la gente cambia,
usted sabe,
y siempre es para mal.

No me dejó otra opción.
Esa noche, señor juez,
la noche que usted menciona,
entré al cuarto de baño
y esperé las tres campanadas.

Ahí estaba, mirándome fijo.
Separados por un vidrio
pero íntimos como nunca.
Esa noche, señor juez,
hice lo que tenía que hacer.
Y lo volvería a hacer.

Una bala alcanzó.
Cuando le atravesó la sien,
fue mi propia sien
la que se estremeció.
Separados por un vidrio,
pero íntimos como nunca.

Ahora lo sé, señor juez.
No hay Paraíso ni descanso
para los cobardes que, como yo,
salimos del Mundo
por la puerta de atrás.

24.1.22

Claroscuro (Conclusión)

El prisma que fue
el mes de diciembre
refractó todo a su paso.
El año nos atraviesa
como quien camina en la neblina.
Yo mismo, escindido,
no me hallo.
No me busco.
En rigor, no estoy. No soy.

O quizás sí sea,
de una forma retorcida,
vestigio, mala copia, o burla, incluso.

Hoy soy yo
quien habita el claroscuro.

18.1.22

El Cielo

Ante las doradas puertas
de la Gloria Eterna,
de la infinita y absoluta Felicidad,
el Pecador, avergonzado,
pasa de largo, silbando por lo bajo.

Su recompensa no será
más que una piedra en el zapato,
una carta guardada en un cajón
y una zamba a medio escribir.