Ante las doradas puertas
de la Gloria Eterna,
de la infinita y absoluta Felicidad,
el Pecador, avergonzado,
pasa de largo, silbando por lo bajo.
de la Gloria Eterna,
de la infinita y absoluta Felicidad,
el Pecador, avergonzado,
pasa de largo, silbando por lo bajo.
Su recompensa no será
más que una piedra en el zapato,
una carta guardada en un cajón
y una zamba a medio escribir.