19.10.22

Los ingrávidos amores

Estoy enamorado de mi casa
donde un gato azabache ronronea
al calor del hogar,
al calor de un abrazo,
y el sol entra a media mañana
por la ventana de la cocina,
apenas perfumada de café.

Estoy enamorado de la incertidumbre
que me permite perderme
en las pieles y en los cuerpos,
que me enseña y me humilla.
La diferencia y las faltas,
y la diversidad.

Estoy enamorado de un fantasma
que acecha, no solo mi sueño,
sino mis horas solitarias
en la vigilia, en el insomnio.
Que vive en la superficie de mi nuca
y penetra hasta mi frente,
me atraviesa.

Los ingrávidos amores
que completan, y me vacían.
El hogar, refugio y calma.
La sorpresa, siempre cambiante.
El espectro con nombre de ciudad.
Todos ellos
son
yo mismo.

26.9.22

Resabio

¿Cuánto quedó
de mi recuerdo
en tu vida?
¿Es acaso
tanto como del tuyo
en la mía?

Espero que no.
Nadie debería
cargar con tanto dolor.

11.8.22

37

El día después de mañana,
cuando la última pastilla
haya entrado a mi boca,
cuando el último sorbo de ginebra
se escurra torpe por mi tráquea
y ya no quede humedad en mis ojos,
ojalá
que el último pensamiento coherente
que arroje aquella sinapsis final
en esa madrugada de mi último Abril
no sea:
"Tendría que haberlo hecho
de otra manera".

28.2.22

Tesoro (o Aquí yacen los restos mortales de un Amor)

Guardé todas tus cartas,
tus regalos,
cada nota,
cada canción y dibujo
en un cajón.

Guardé tus manos sobre mi pecho,
tus abrazos a la noche,
los besos furtivos de la mañana,
guardé las risas
que, ey,
no faltaron.
Guardé tu forma de mirarme,
la cadencia de tu voz,
y el olor de tu pelo
en un cajón,
y lo enterré.

Lo enterré
bien en el fondo
del pozo que,
sin quererlo,
me abriste en el pecho.

25.1.22

Confesión

Yo lo conocía bien, señor juez.
Y el tipo, bueno,
usted sabe...
El tipo era imposible.
El tipo era impasible.
Había sabido, en otro tiempo,
ser un buen muchacho, fijesé.
Pero la gente cambia,
usted sabe,
y siempre es para mal.

No me dejó otra opción.
Esa noche, señor juez,
la noche que usted menciona,
entré al cuarto de baño
y esperé las tres campanadas.

Ahí estaba, mirándome fijo.
Separados por un vidrio
pero íntimos como nunca.
Esa noche, señor juez,
hice lo que tenía que hacer.
Y lo volvería a hacer.

Una bala alcanzó.
Cuando le atravesó la sien,
fue mi propia sien
la que se estremeció.
Separados por un vidrio,
pero íntimos como nunca.

Ahora lo sé, señor juez.
No hay Paraíso ni descanso
para los cobardes que, como yo,
salimos del Mundo
por la puerta de atrás.

24.1.22

Claroscuro (Conclusión)

El prisma que fue
el mes de diciembre
refractó todo a su paso.
El año nos atraviesa
como quien camina en la neblina.
Yo mismo, escindido,
no me hallo.
No me busco.
En rigor, no estoy. No soy.

O quizás sí sea,
de una forma retorcida,
vestigio, mala copia, o burla, incluso.

Hoy soy yo
quien habita el claroscuro.

18.1.22

El Cielo

Ante las doradas puertas
de la Gloria Eterna,
de la infinita y absoluta Felicidad,
el Pecador, avergonzado,
pasa de largo, silbando por lo bajo.

Su recompensa no será
más que una piedra en el zapato,
una carta guardada en un cajón
y una zamba a medio escribir.